Ratas ricas y pobres ¿por qué el éxito no solo depende del esfuerzo y la capacidad?

Humanos y ratas compartimos el 90% de material genético. Esto no quiere decir, como se suele señalar ante este tipo de datos, que los humanos provengamos de las ratas. No. Quiere decir que humanos y ratas tenemos un antepasado en común. Según algunas estimaciones, de hace aproximadamente 75 millones de años.

Las similitudes genéticas que los humanos tenemos con las ratas (Rattus norvegicus) son tan importantes que este animal aún se utiliza con frecuencia en laboratorios, para probar y desarrollar nuevos fármacos y para descifrar algunas particularidades biológicas humanas, como los genes que se asocian a ciertas enfermedades o trastornos del comportamiento.

Asentado lo anterior, quiero compartir con ustedes un experimento realizado hace algún tiempo con estos estigmatizados animales. Uno que me parece impresionante y relevante por las implicaciones que tiene para los sistemas sociales humanos porque va en contra de la falsa creencia, publicitada a menudo por «influencers», libros de autoayuda y «coaches» improvisados, de que el éxito depende únicamente de la actitud ante la vida y del trabajo arduo (no es que estos no sean importantes, por supuesto que lo son, pero no son el único factor).

El experimento se conoce comúnmente como el estudio de las ratas «ricas» y «pobres» y fue liderado, a mediados del siglo pasado, por Marian Diamond, una científica estadounidense pionera en el campo de la neurociencia. El estudio demuestra el sensible e indiscutible impacto que tiene la experiencia sobre el desarrollo del cerebro y sobre las capacidades de los individuos.

En resumen, Diamond y su equipo aislaron a dos grupos de ratas en espacios diferenciados. A uno lo colocaron en jaulas provistas de entretenimiento, aparentemente sin carencia alguna (ratas ricas), y a otro, lo aislaron en un espacio con notables privaciones, sin estímulos como escaleras y norias (ratas pobres). De acuerdo a los investigadores, al cabo de unos meses, las ratas del primer grupo desarrollaron conexiones cerebrales más complejas e incluso cerebros más grandes y pesados.

En las pruebas de desempeño, las «ratas ricas» sobrepasaron con un amplio margen a las «ratas pobres» (por ejemplo, en la resolución de laberintos), por lo que se estimó que las diferencias no estaban relacionadas únicamente con el tamaño, sino también con la capacidad. Vale señalar, antes de continuar, que los resultados de este experimento son estadísticos y en ese sentido deben interpretarse, es decir, como tendencias, con sus excepciones y bemoles.

Obviamente, como intuirá el lector, este tipo de experimentos no se pueden realizar o replicar en humanos (por cuestiones éticas), pero no sería descabellado esperar los mismos resultados en nuestra especie, si consideramos que se han desarrollado también estudios similares con primates, que muestran el desarrollo de las mismas diferencias cuando se les somete a experiencias «pobres» y «ricas».

Ahora bien, lo anterior no quiere decir que si usted tuvo una infancia complicada esté destinado a ser en todo caso menos inteligente que los más afortunados. No. Por supuesto que no. Aunque sí coloca el acento en un tema trascendental: que no todos comenzamos la carrera desde el mismo lugar; y destaca además algo significativo: que los espacios, las vivencias y el ambiente en su dimensión más amplia (todo aquello que nos rodea), pueden derivar en diferencias incluso a nivel biológico e intelectual.

Es importante que estemos más conscientes de esta realidad a fin de ir acortando estas brechas en nuestras sociedades por medios políticos. Y también porque, aunque a todos nos encanta pensar que nuestros logros tienen causa única en el esfuerzo y las capacidades propias, bien haríamos en considerar que en buena medida responden a nuestras circunstancias y no juzgar las realidades de los demás sin entender a profundidad sus contextos.

Raúl Eduardo Rodríguez Márquez

Antropólogo, abogado y maestro en humanidades.

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Referencias de apoyo:

Diamond, M; Law, F; Rhodes, H; Lindner, B; Rosenzweig, M; Krech, D y Bennett, E. (1966). Increases in cortical depth and glia numbers in rats subjected to enriched environment. J Comp Neurol 128:117-126

Diamond, M. (1988). Enriching heredity. The impact of the environment on the anatomy of the brain. New York: The Free Press.

Aguirre, M. (2004, 1 abril). La rata de alcantarilla sólo se diferencia del ser humano en un 10% de sus genes. ABC SANIDAD. https://www.abc.es/salud/sanidad/abci-rata-alcantarilla-solo-diferencia-humano-10por-ciento-genes-200404010300-962743608250_noticia.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F